MARATÓN New York (03/11/19) by Leo

El sueño de una abejita corredora

Mas de una vez he escuchado “corre tras tu sueño y alcánzalo”, esto era literal lo que quería hacer/conseguir, correr una maratón, y no cualquiera si no la de Nueva york algo raro en alguien tan aficionada al monte. Después de dos negaciones en el sorteo del dorsal acepte que lo del azar no va conmigo así que tome el camino seguro y por fin lo tuve: el  dorsal número 40490!

A pesar de la dificultad que suponía cambiar mis amadas montañas por asfalto estaba decidida y muy motivada a empezar el camino hacia la meta.

Los primeros entrenamientos fueron muy duros, era ponerme las zapatillas, correr y volver a casa con unas marcas muy lejos de ser las correctas para esta competición, trataba de animarme pensando que era debido a los problemas respiratorios, o que mi cuerpo no está habituado a estos ritmos ya que la velocidad no es mi fuerte.

Llevaba dos semanas entrenando sola, pensando cada día que no lo iba a conseguir, mi pequeña me aconsejo que igual el correr con compañía me ayudaba, así fue; al día siguiente quedamos con Pedrito, él me iba a hacer de liebre, por muy gracioso que esto pueda sonar, fue mi liebre para mantener los ritmos, al terminar la labor ese día coincidimos con Pablito que  me dijo que me acompañaría todos los kms que fueran necesarios para ahuyentar cualquier duda de mi cabeza. Con sus consejos y los de Pedrito volvió a mí esa motivación que me había abandonado.

Después de esto mis entrenamientos fueron casi todos en compañía de uno, dos y hasta en grupo de 11 personas, eso sin contar con los entrenamientos del club, y mis montañeros que también se animaron.

Todo iba viento en popa, hasta que la noticia de la partida de mi amigo me hizo trizas, como a todos los que lo conocíamos; esto hizo que parara en seco mi rutina deportiva, no podía correr, rondaban en mi cabeza todas las veces que vino conmigo, y las que debería haber venido, pensé en posponer la maratón pero pensé en él. Que nunca se rendía, que siempre  me aconsejaba que siga corriendo, así que con su recuerdo y  con la ayuda de mis compañer@s  retome los entrenamientos, apoyándonos unos a otros en su memoria.

Me levantó el ánimo el resultado que obtuve en la media maratón de Bilbao, me encontraba físicamente preparada, la parte psicológica llevaba otro ritmo pero no estaba en mis planes abandonar. Mi último entrenamiento fue con mis abejitas montañeras Ana y Elena.

¡Me voy a la gran manzana y me la voy a comer!

A falta de cuatro días, llegué a Nueva york acompañada de gente que soñaba con lo mismo que yo, sumarle esos 42 kms 195 m a sus zapatillas y a su vida.

“Por fin estoy aquí” pensé.

Hicimos un poco de turismo y llegó el gran día, no pude descansar todo lo que debía, ni seguir la dieta pero eso no me importo esa mañana, me desperté con todos los mensajes de apoyo de mi familia, de mis amigos y compañeros lo cual me hizo sentir muy afortunada, desayuné todo lo que tenía a mano, preparé todo lo necesario para el recorrido, sales, geles etc y salimos hacia la zona de salida; una vez aquí los nervios, las ansias y todo lo que llevas encima no te dejan pensar en lo que estas a punto de hacer; busque mi cajón y una vez aquí me quite toda la ropa que me había llevado para no tener frio, la deje en un contenedor destinado para ello ya que esta ropa la donan a gente desfavorecida.

Escuche el pistoletazo de salida y me dije “vamos Leoncito”, empezamos a correr y nada más salir se me erizó la piel, era todo muy bonito, no podía evitar mirar a todos los lados. En el primer puente no hay animación pero nada más pasarlo, ves a gente aplaudiendo, ofreciéndote agua, pañuelos, fruta lo que sea, y las miradas de “tú puedes” sin conocerte. Es precioso. No importa perder energía en apreciar este tipo de paisaje, en chocar la mano con la gente, en animar a otros corredores y hasta en pegarle un puñetazo a un cartel de Trump (estaba para eso).

Cerca del temido “muro” tuve un amague de calambre, tenía las piernas pesadas así que cogí crema  de un dispensador enorme que había  preparados para este tipo de situaciones y seguir mi camino estaba feliz, por estar ahí, por correr que el dolor era lo que menos importaba.

De repente vi el arco, y mire mi reloj. ¡No puede ser, faltan 2km! Pero no, mi reloj se había vuelto loco ¡Había llegado! Cruce la meta, y rompí a llorar, se la dedique a todas las personas que me apoyaron, a mi familia, al club. Pero en especial a mi amigo Pablito, que me acompaño en cada zancada, en cada pulsación.

Gracias

Al terminar nos dieron un poncho y la ansiada medalla.  Muestra de que alcance mi sueño, correr la maratón de Nueva york, la mítica, la Meca de las maratones.

Nada más que decir, no ha sido una crónica técnica, está cargada de emoción. Tal como soy yo como corredora y persona cumplí mi sueño. Y si tengo la oportunidad la volveré hacer, con todos sus planes, sus dietas, sus esfuerzos y sacrificios.

¡Aupa esta gran familia, aupa este gran club!

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