CORRER, UNA ACTIVIDAD BAJO SOSPECHA

Podemos afirmar con rotundidad que el corredor popular supera fases en su periplo cuando la familia empieza a preocuparse por su estado de salud. Llega el temido día en que nuestros amigos, hermanos o padres nos miran de arriba a abajo con gesto serio y nos dicen aquello de “Estás demasiado delgado. No puede ser bueno”.

De repente, la afición que nos entretenía para mejorar nuestro estado de salud y perder unos kilitos, por supuesto con el beneplácito de nuestros seres queridos, es ahora una actividad que nos puede llevar a cualquier enfermedad, un enemigo, y es que ¿cómo va a ser bueno quedarse en el chasis y querer seguir corriendo y corriendo? Correr se ha convertido para nuestra familia en una actividad sospechosa…

Esto es exactamente lo que me ha sucedido a mí. Mis padres y yo vivimos en localidades diferentes y suelo visitarlos un par de veces al mes con lo cual los cambios físicos los perciben de forma más acusada. El pasado fin de semana, con toda la familia al completo: hermanos, tías, cuñados y cuñadas, abuela, sobrinos, etc., la que escribe hizo su estelar aparición dejando a los presentes ojipláticos perdidos. Ahora soy poco menos que una anoréxica drogadicta enganchada a las zapatillas y con los pies pegados al asfalto.

¿Existe un centro de desintoxicación para corredores?

Podría llamarse algo así como “Nuevo Amanecer” donde los runners canijos tengan absolutamente prohibido ponerse unas zapas, ni siquiera unas chanclas, no vaya a ser que les pase como a los indios tarahumara., solo pantuflas de la abuela. Un lugar aséptico alejado de cualquier connotación que recuerde al corredor su grave adicción, un lugar donde reunirse todas las mañanas en sesiones de grupo a decir en voz alta, sin miedo: “Si, yo también soy un adicto… Todo comenzó sin querer. Pillé en el mercado negro unas Kalenji, creí que podría controlarlo, pero se me fue de las manos… Alguien me pasó material de primera calidad, empecé con el policonsumo de los fines de semana: barritas, geles, bebidas energéticas… Cuando quise darme cuenta estaba en una espiral de kilómetros, ritmos, carreras, marcas… No había una rave runnera que no apuntase en el calendario y cada diez kilómetros necesitaba un chute de glucosa con sabor a osito gominola ¡No podía parar! (llanto desconsolado)

Reconozco no obstante, que algo de razón no les falta a nuestros preocupados congéneres. A veces se nos va de las manos.

En mi caso tuve mi momento de, necesito correr a todas horas, por el actual que se resume en, salgo a correr pero con presiones las justas. Pero incluso así es natural asustar a cualquiera si bajas dos tallas de pantalón y empiezas a usar una 36, o donde se alojaba un cálido y acogedor michelín ahora puedes dibujar la línea de los músculos oblicuos.

Eso por no hablar del pecho, las tetas hablando en plata. Mujeres del mundo, ladies, pues si, vuestras sospechas son ciertas: corriendo perdemos pecho. Claro que se hace necesario matizar. Si eres una corredora dominguera, que corre los fines de semana y no tienes problema en culminar con una buena ración de chuletitas de cordero con patatas, no te preocupes, las excelsas mamellas que dios te dio no te las va a quitar el running. Ahora bien, si corres más de tres veces por semana, haces ejercicio de fuerza (mi caso) y controlas la dieta como una obsesa jurando devoción eterna a las propiedades de la avena (mi caso), diles adiós a tus defensas frontales con gesto compungido. Peor aún: también prepara la maleta de la retaguardia. Así es ¿Habéis visto alguna vez corredoras de medias maratones o maratones con pechos grandes? ¿Verdad que no? Creo no obstante que el sacrificio, el tributo a pagar compensa. Además quién dice tetas también dice michelines, celulitis, etc. Supongo que en el caso de los corredores masculinos este pequeño inconveniente es siempre bien recibido.

Retomando el tema que inicia esta entrada, ahora soy objeto de preocupación. Correr ya no es una actividad inocente. De nada sirve decir que me encuentro mejor que nunca. Mis análisis, generalmente uno al año, ponen de manifiesto que aquella manzana roja de aquel frondoso árbol del más exótico vergel del edén paradisíaco no estaba más sana que yo ahora. No exagero. La prueba de esfuerzo de este verano concluyó con un veredicto cardiológico en la categoría Observaciones que rezaba: Capacidad funcional excepcional. Toma ya.

Inútil ejercicio decirle eso a tu madre, que se propone en su fuero interno devolverte las turgencias perdidas a base de pantagruélicas comidas hiper calóricas, o a tus amigos y familiares directos en una sociedad donde la abundancia de todo tipo, inclusive la cárnica, se asocia con un estado de salud bueno. Decimos al entrañable gordito ¡Cómo te cuidas! cuando en realidad la frase correcta sería ¡Cómo te maltratas!

Así que esta drogadicta del running, cuando nadie la ve, que diría Alejandro Sanz, se prepara para correr esta noche con nocturnidad, premeditación y alevosía,  deseosa de pillar asfalto y de probar unos geles almibarados que le han dicho que saben como a frambuesa…

By DANAE.-

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