EL ABC DEL RUNNING (G-H-I)

Glucógeno: El cuerpo puede obtener energía a partir de los hidratos de carbono (en forma de glucosa) o de las grasas. Estas tienen un alto poder calórico (9 kcal/g), pero es un nutriente lento de movilizar y por eso se usa cuando estamos en reposo, cuando corremos a ritmo suave o cuando hemos agotado las reservas de glucógeno hepático y muscular (el glucógeno es una forma de almacenamiento de la glucosa). La glucosa es menos energética (4 kcal/g) pero se quema y moviliza con rapidez. Eso sí, grasa y glucosa no se usan de forma excluyente. Aunque a ritmos altos predomina la glucosa, ambas se usan cuando nuestro metabolismo funciona de forma aeróbica.

Pero nuestro cuerpo también puede producir energía de modo anaeróbico. En un sprint fuerte el oxígeno que tomamos no es suficiente, por lo que la energía viene por otras rutas, que en vez de grasa o glucosa usan moléculas de fosfatos con enlaces de alta energía. Estos compuestos no necesitan oxígeno para su combustión, pero sí para regenerarse. Por eso, podemos hacer un sprint casi sin respirar pero una vez parados la respiración se agita, ya que estamos recargándonos de estas reservas de alta energía (estamos en deuda de oxígeno).

Como regla podríamos decir que deberías tomar de 6 a 8 gramos de carbohidratos por kilo de peso corporal cada día (para alguién de 70 kilos hablamos de 420 a 560 gramos diarios).

Glucosamina: sustancia que, se suele combinar con la condroitina, para ayudar a regenar el tejido celular de los cartílagos de las rodillas u otras articulaciones.

Hipoglucemia: La temida “pájara”. Puede producirse en los primeros minutos de una carrera por la ingestión de glucosa o azúcares sencillos en la hora anterior a un esfuerzo, o después de una hora cuando se acaban las reservas de glucógeno en el músculo y en el hígado y se recurre a la combustión de las grasas.

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