EL CORREDOR: UNA MÁQUINA PERFECTA

En el fondo somos una especie de “máquinas de carne y hueso”, con mecanismos de palancas, motores, bisagras, tuberías, filtros, depósitos y un procesador central que lo controla todo. Pero una de las diferencias de los humanos con las máquinas es que nosotros mejoramos sin que nadie nos tenga que poner piezas nuevas más modernas para ello

Tanto nuestros músculos como nuestros huesos y nuestros órganos se adaptan a las circunstancias para optimizar su rendimiento. De hecho cuando te so metes a un entrenamiento regular de running vas a obtener estas adaptaciones que van a suponer mejoras como corredor. Aquí tienes algunas de las más significativas:

Aumento del volumen de sangre. Así tienes más cantidad de glóbulos rojos para suministrar oxígeno a tus células.

Disminución de la frecuencia cardiaca de reposo. De esta forma el corazón trabaja menos cuando corres a la misma velocidad que cuando no estabas entrenado.

Aumento de la fuerza muscular de tus piernas. Con más fuerza en tu tren inferior ganarás en velocidad principalmente y te resultará más fácil moverte por terrenos con desniveles.

Aumento de la densidad de capilares en los músculos. Los nutrientes llegan mucho más eficientemente a cada célula.

Aumento de la densidad de las mitocondrias en la musculatura de las piernas. Las mitocondrias son los hornos celulares que transforman los nutrientes en energía, cuantas más tengas más energía puedes obtener de los alimentos.

Mejora de la capacidad de transportar el lactato a las mitocondrias. Como subproducto del metabolismo muscular se genera el famoso ácido láctico. El entrenamiento enseña a tu cuerpo a transportar esa sustancia a las mitocondrias, donde se recicla usándose como combustible para producir energía.

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